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Bretón
de los Herreros fue, sin duda, el autor más aplaudido
en el período que media entre el teatro de Moratín
y la alta comedia. Y, constante, aparece en la construcción
y en la estructura de sus comedias, en el acierto para
lograr los mejores efectos teatrales, ese sexto sentido
indefinible, propio y característico del autor dramático
«de raza».
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| Comienza a escribir
comedias antes del triunfo de la escuela romántica.
El mismo traduce María Estuardo
de Schille, y varias obras de Racine
y Scribe. Pero su teatro original venía a cumplir
una misión fundamental: llenar el vacío del costumbrismo
y de la comicidad, huyendo del «tono mayor» predominante
en los románticos, que tendían al pasado histórico o
al idealismo fuera de los contornos de lo concreto.
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Por eso, su ingeniosa descripción
de costumbres, su gracia poética de las exageraciones
del teatro coetáneo, explican su éxito.
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La galería cómica de Bretón comprende una rica
variedad de tipos de la época, en franca simpatía o
en caricatura optimista y riente. Ni acre ni mordaz,
Bretón es un escritor de poderosa fuerza, de
picante sal cómica, que ha heredado
algo del genio vital y sin hiel de Tirso. |
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