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ANÉCDOTAS DE BRETON DE LOS HERREROS

No habría cumplido 7 años cuando Manuel ya improvisaba "redondillas" sobre cualquier pie que le diesen. En una fiesta, una de las criadas presentes se llamaba "Segunda". Manuel prorrumpió en la siguiente cuarteta:

«-¡Para pegarle una tunda / Con las faldas levantadas, /Entre todas las criadas/la mejor es la Segunda.!-»

Fue autor popularísimo en su tiempo, pero nada afecto al quehacer literario de las mujeres. Así, cuando la poetisa Gertrudis Gómez de Avellaneda estrenó, en Madrid, un drama titulado El hilo del destino, comentaría irónicamente Bretón:
-Más le valdría a esa señora conocer el destino del hilo.

Se hallaba en relación de mala vecindad con cierto médico apellidado Mata, que picaba también de versificador. Un día, por mortificar al celebrado autor, el tal Mata puso en la puerta de su vecino esta jácara:

En esta habitación / no vive ningún bretón.

No más que al día siguiente, en la puerta del médico podía leerse:

Vive en esta vecindad / cierto médico poeta / que al fin de cada receta / pone "Mata"y es verdad.

Huyó Manuel de las tropas francesas para ocultarse en Quel. Tras abrazar a parientes y amigos, un tío suyo le dio ropas a la usanza del pueblo para que pasase desapercibido entre los labradores queleños. Acompañaba a su tío a regar unos manzanos, cuando un campesino burlón le reconoció y le dijo:
-¡Bienvenido al pueblo, Manuel!. ¡Parece que las damas de la capital tienen las uñas largas y te han dejado en la cara su recuerdo!.
El joven Bretón, le respondió: -Bien hallado, Pascual; que no ha sido una mujer quien me decoró la faz. "Déjome el sumo Poder, por gracia particular lo que había menester: dos ojos para llorar y uno sólo para ver".
Muy joven todavía, en 1818, hallándose de permiso en Jerez de la Frontera, recibió en un duelo una cuchillada que le causó la pérdida del ojo izquierdo. Esa mengua física, le inspiró el epigrama: «Dejóme el Sumo Poder por gracia particular, lo que había menester: dos ojos para llorar...y uno sólo para ver.»
No habría cumplido 7 años cuando Manuel ya improvisaba "redondillas" sobre cualquier pie que le diesen. En una fiesta, una de las criadas presentes se llamaba "Segunda". Manuel prorrumpió en la siguiente cuarteta:

«-¡Para pegarle una tunda / Con las faldas levantadas, /Entre todas las criadas/la mejor es la Segunda.!-»

El pintor satírico de la Corte, es la nota más destacada del ingenio bretoniano. Madrid se describe en son de crítica -con amore- en sus «conciertos, tertulias, suntuosos, bailes, espectáculos, banquetes», y en línea clara de casticismo nos dice: «Si voy al baile, me atrapa / algún ratero la capa; / llego helado a mi portal; / /llamo; no me oye Pascual...,/ y me quedo a la inclemencia. / ¡Paciencia!»
De simple empleado madrileño, llegó a ser secretario perpetuo de la Real Academia Española, lo que evidencia la magnitud de su talento. A partir de 1824 escribió sin interrupción hasta ciento tres piezas teatrales -dramas, comedias y zarzuelas-, en todas las cuales campean por igual la brillantez del lenguaje, el gracejo inventivo y la limpieza del verso.

 

 
  Bibliografía

 

Manuel Bretón de los Herreros"