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Basta echar una ojeada al catálogo de sus obras para notar lo prolífico de la actividad literaria de Bretón y la variedad de géneros en que se ejercitó.

Caracteriza su fórmula teatral la deshumanización con que se aborda trama y personajes, el interés puesto en mayor medida en divertir que en enseñar, la presentación de personajes-tipo, la mayoría de las veces, caricaturizados. Es evidente que este teatro busca el camino más corto para llegar con rapidez al público. De ahí derivan los méritos y defectos que pueden achacársele. Se trata de una comedia de pasatiempo, en la que no se plantean verdaderos problemas humanos. Relacionada con esta característica está la inconsistencia de los argumentos, se forjan situaciones dispuestas con simetría. Y en la misma línea: la falta de espesor de los personajes, que o son planos o cuasi planos; rara vez tienen la mínima complejidad, y su actuación, como de tipos, es absolutamente previsible, salvo los pequeños detalles de sus gracias verbales.

En plena época romántica, un ingenioso comediógrafo representa una tendencia nacional del costumbrismo observador y satírico. El mundo de Bretón tiene parentesco con los artículos de Larra y con los análisis costumbristas de Mesonero Romanos y Estébanez Calderón.
Bretón pertenece, cronológicamente, al Romanticismo (Aparecerá retratado en el famoso cuadro del pintor Esquivel, que, como es sabido, constituye una magnífica galería de los escritores más representativos de la época.). Y muchos de sus estrenos coinciden con los años de más intenso romanticismo. Sin embargo, dado su espíritu ecléctico y equilibrado, enemigo de extremismos, maestro en el logro de efectos cómicos, en los juegos caricaturescos o de burla, se hallaba lejos de los apasionamientos románticos. Bretón de los Herreros fue, sin duda, el autor más aplaudido en el período que media entre el teatro de Moratín y la alta comedia. Y, constante, aparece en la construcción y en la estructura de sus comedias, en el acierto para lograr los mejores efectos teatrales, ese sexto sentido indefinible, propio y característico del autor dramático «de raza».

     Comienza a escribir comedias antes del triunfo de la escuela romántica. El mismo traduce María Estuardo de Schille, y varias obras de Racine y Scribe. Pero su teatro original venía a cumplir una misión fundamental: llenar el vacío del costumbrismo y de la comicidad, huyendo del «tono mayor» predominante en los románticos, que tendían al pasado histórico o al idealismo fuera de los contornos de lo concreto. Por eso, su ingeniosa descripción de costumbres, su gracia poética de las exageraciones del teatro coetáneo, explican su éxito.
     La galería cómica de Bretón comprende una rica variedad de tipos de la época, en franca simpatía o en caricatura optimista y riente. Ni acre ni mordaz, Bretón es un escritor de poderosa fuerza, de picante sal cómica, que ha heredado algo del genio vital y sin hiel de Tirso.

 

 

Manuel Bretón de los Herreros"